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Aguas residuales

El agua dispone de una capacidad de autolimpieza natural que elimina una buena parte de la contaminación orgánica. Sin embargo, en la actualidad, la enorme cantidad de aguas residuales y su nivel de contaminación superan en mucho las posibilidades de regeneración natural. Por esta razón, el agua residual sólo puede volverse al ciclo una vez tratada adecuadamente. Este cometido lo asumen las plantas de tratamiento de aguas residuales.

Existen muchos formatos distintos de depuradoras, adaptándose cada una de ellos a los requerimientos y necesidades concretas del lugar. Las depuradoras urbanas, que principalmente depuran aguas domésticas, se basan en procesos distintos a los utilizados en depuradoras industriales, las cuales presentan una concentración distinta de contaminantes.

A pesar de todo, existen similitudes básicas en los tipos de procesos unitarios y en su secuencia de instalación. En primer lugar se retiran por procesos mecánicos la mayor cantidad de sólidos posibles. Posteriormente se degradan las sustancias orgánicas mediante procesos biológicos o los contaminantes específicos mediante procesos físico-químicos, según sea la problemática. Finalmente se generan unos fangos que deben ser separados del efluente. Estos fangos una vez separados deben ser tratados para reducir su contenido de agua y poder ser evacuados como residuo sólido o ser utilizados como aporte orgánico al terreno. Estos procesos de tratamiento se basan en la reducción de volumen mediante la eliminación de agua por procesos físicos, mecánicos y biológicos.